Quisiera compartir con ustedes una opinión relacionada con la violencia por omisión en índole laboral y la importancia que sería informar a la población sobre este tipo de violencia la cual comúnmente se desconoce.
Violencia por omisión en los estamentos públicos y privados: el silencio también daña.
Cuando hablamos de violencia laboral en Chile, solemos pensar en conductas visibles: gritos, maltrato directo o acoso explícito. Sin embargo, en los estamentos privados y públicos persiste una forma de violencia menos evidente, pero profundamente dañina: la violencia por omisión.
Esta ocurre cuando las instituciones o empresas aun teniendo conocimiento de situaciones de maltrato, acoso o conflictos laborales, no actúan, dilatan decisiones o eligen mirar hacia otro lado. No se trata de una agresión directa, sino de la inacción del sistema, que termina validando el daño.
En el sector público, como hospitales, municipalidad etc, esta omisión suele justificarse en la burocracia, la falta de competencias claras, el temor a conflictos jerárquicos o los largos tiempos administrativos. Denuncias que no avanzan, investigaciones que se extienden por años, ausencia de medidas de resguardo y jefaturas que optan por “no escalar” son prácticas más comunes de lo que se reconoce.
El impacto es profundo: desgaste emocional, pérdida de confianza institucional y una cultura del silencio donde denunciar parece inútil. Cuando el Estado no actúa, transmite un mensaje peligroso: el problema no es la violencia, sino quien la visibiliza.
La Ley Karin (Ley N°21.643) establece hoy un estándar claro: prevenir, investigar y actuar no es opcional. En este contexto, la omisión deja de ser solo una mala práctica y se convierte en una responsabilidad legal y ética, especialmente para instituciones llamadas a garantizar derechos.
Erradicar la violencia por omisión requiere más que cumplir la norma. Exige liderazgos responsables, decisiones oportunas y una convicción real de que no actuar también es una forma de violencia.
Reconocerlo es el primer paso para fortalecer la confianza en la industria, así también en la gestión pública y recuperar la confianza de quienes trabajan al servicio del Estado.
Erick Concha
Ingeniero
Implementador de Sistemas de Gestión y Auditor Líder ISO 9001 · 14001 · 45001 (U. de Chile)
Quisiera compartir con ustedes una opinión relacionada con la violencia por omisión en índole laboral y la importancia que sería informar a la población sobre este tipo de violencia la cual comúnmente se desconoce.
Violencia por omisión en los estamentos públicos y privados: el silencio también daña.
Cuando hablamos de violencia laboral en Chile, solemos pensar en conductas visibles: gritos, maltrato directo o acoso explícito. Sin embargo, en los estamentos privados y públicos persiste una forma de violencia menos evidente, pero profundamente dañina: la violencia por omisión.
Esta ocurre cuando las instituciones o empresas aun teniendo conocimiento de situaciones de maltrato, acoso o conflictos laborales, no actúan, dilatan decisiones o eligen mirar hacia otro lado. No se trata de una agresión directa, sino de la inacción del sistema, que termina validando el daño.
En el sector público, como hospitales, municipalidad etc, esta omisión suele justificarse en la burocracia, la falta de competencias claras, el temor a conflictos jerárquicos o los largos tiempos administrativos. Denuncias que no avanzan, investigaciones que se extienden por años, ausencia de medidas de resguardo y jefaturas que optan por “no escalar” son prácticas más comunes de lo que se reconoce.
El impacto es profundo: desgaste emocional, pérdida de confianza institucional y una cultura del silencio donde denunciar parece inútil. Cuando el Estado no actúa, transmite un mensaje peligroso: el problema no es la violencia, sino quien la visibiliza.
La Ley Karin (Ley N°21.643) establece hoy un estándar claro: prevenir, investigar y actuar no es opcional. En este contexto, la omisión deja de ser solo una mala práctica y se convierte en una responsabilidad legal y ética, especialmente para instituciones llamadas a garantizar derechos.
Erradicar la violencia por omisión requiere más que cumplir la norma. Exige liderazgos responsables, decisiones oportunas y una convicción real de que no actuar también es una forma de violencia.
Reconocerlo es el primer paso para fortalecer la confianza en la industria, así también en la gestión pública y recuperar la confianza de quienes trabajan al servicio del Estado.
Erick Concha
Ingeniero
Implementador de Sistemas de Gestión y Auditor Líder ISO 9001 · 14001 · 45001 (U. de Chile)
buenas tardes, nos puede enviar una foto para agregar a la columna puede ser al mail: periodicoelcondor@gmail.com
saludos