“Inclusión e integración es posible con el apoyo de tod@s”


PROYECTO FONDO DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL
“Inclusión, cultura y medio ambiente, bases para el desarrollo regional”
Entrevista a Marcela Arévalo, presidenta de Fundación Colchagua de Santa Cruz
Por Exequiel Galdames Cáceres
Como cada semana Diario El Cóndor de Santa Cruz sigue con sus entrevistas y reportajes, ya que nos adjudicamos el proyecto denominado “INCLUSIÓN, CULTURA Y MEDIO AMBIENTE, BASES PARA EL DESARROLLO REGIONAL”.
Este proyecto que llega a través de nuestra página web y Facebook, gracias al Financiamiento del Ministerio Secretaría General de Gobierno, del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social 2026 y del Consejo Regional de O’Higgins.
En esta edición nos referimos a un tema muy importante: la inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad es esencial por una cuestión de derechos fundamentales. Así lo reconoce la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, que se creó con el objetivo de promover y garantizar que las personas con discapacidad disfruten plenamente y en igualdad de condiciones de todos sus derechos y sus libertades.
Y más allá de los derechos humanos, la inclusión de personas con discapacidad fomenta la diversidad, la empatía y el respeto, y es el camino para construir una sociedad más justa. La diversidad nos enriquece como sociedad y la participación en ella de las personas con discapacidad no solo nos beneficia en el ámbito económico, sino también a nivel social, laboral y educativo.

¿Cómo nace Fundación Colchagua? ¿Cuál fue su motivación?
“Nosotros, la verdad, que esto viene de mucho antes, que nosotros nos conformáramos como fundación. Porque en el fondo cuando tú tienes un hijo y nace con una capacidad diferente o con una discapacidad, uno también empieza a pensar que va a ser de nuestro hijo en el futuro.
El primero es el impacto, lo cierto, de recibir un hijo con necesidad especial, y luego viene el crecimiento, porque es una persona que tiene tanto derecho como cualquier otro, tener una vida normal, una vida con todo lo que implica, el trabajo y el crecimiento personal. Entonces, producto de eso uno empieza con un camino.
Yo me vine a vivir acá Santa Cruz, el año 2005, era de Santiago y ahí empecé, primero me gustaron los colegios que veía aquí. Yo tenía como un sueño de formar un colegio, pero formar un colegio implica mucho dinero y recursos, algo que yo no tenía, y que en realidad si no tienes un hijo con discapacidad, la verdad es que la sociedad no se interesa en estar.
Así fui encontrando otras personas que también tienen hijos con discapacidad, otro tipo distinto que la de mi hija. Y por ahí empezamos, a ver qué podíamos hacer por nuestros hijos.
Empezamos primero con el tema de hacer un negocio, que fuera para ella, pero en realidad lo conversamos con esta persona, la que tenía la especialidad, como, por ejemplo, es una profesora de educación diferencial. Y así se fueron sumando algunas personas, y en el año 2018 se completó la idea de poder formar una fundación, la cual se concreta con la constitución en octubre del 2018.
¿Cómo fueron sus inicios?
“Ya el año 2019 empezamos a trabajar, ahí partimos con 6 o 7 talleres, como artísticos, talleres de entrenamiento físico y uno que era de repostería, que era para hacer galletas. Y eso funcionó durante todo el año.
Y el 2020, viene la pandemia y estuvimos casi 2 años sin movimiento y tuvimos que entregar la casa, en la que estaba funcionando, porque no se justifica tener una casa que no se está ocupando, esta casa era cedida por una persona que nos cooperaba.
En el segundo semestre de 2022, comenzamos a retomar nuestras actividades porque ya estaba permitido poder reunirse. Y ahí hablamos con algunas personas y empezamos a trabajar en una sede social y se incorpora una terapeuta ocupacional, ella es una persona muy dedicada, con los jóvenes, proyectamos un plan de trabajo y un proyecto que se llama Proyecto Isla, y que era como poder desarrollar y entregar habilidades para el trabajo a los jóvenes. Entonces, por ejemplo, hicimos simulación de una cocina, hicimos simulación de un restaurant.
Entonces, los chicos preparaban cosas como para atender a las personas, los recibían en la puerta, nosotros invitamos a personas para que participaran de esto, para que hicieran de clientes. Entonces, ellos los recibían, otros iban a tomar un pedido, otros servían la mesa, otros estaban en la cocina preparando las cosas.
Y también desarrollamos otros talleres que tenían que ver con el desarrollo de habilidades motoras y de motricidad fina, que se necesitan también bastante para cualquier trabajo”.
¿Qué labores realizan actualmente?
“Nos quedamos con el taller de arte y el taller de entrenamiento laboral. Y a raíz de eso se crean dos grandes programas, que es el programa de inserción, digamos, del programa laboral protegido, que es el que se desarrolla dentro de la fundación y el programa laboral externo, que busca poder insertar en el mundo del trabajo a los chicos que tienen más habilidades por ahí. Y tenemos varios chicos que son bastante independientes, que llegan solos, acá se van solos, se manejan súper bien. Este programa está dirigido por Catalina Valdivia.
Lo nuestro es básicamente la inserción laboral. Ya sea a través de taller protegido o programa laboral externo dependiendo de las habilidades de los chicos, el cual está a cargo de 2 profesionales Constanza Gaete Terapeuta Ocupacional, quien ha trabajado desde que se formó la Fundación y Sara Peñaloza que es educadora diferencial”.

¿Cómo obtienen financiamiento?
“Bueno, las fundaciones tienen financiamiento de dos formas. Una es a través de la postulación a proyectos estatales. Y la otra es por medio de las donaciones de particulares”.
¿Qué proyectos se han adjudicado ustedes?
“Nosotros hemos postulado principalmente al fondo 8% FNDR, del Gobierno Regional y hemos ganado el año 2023, 2024 y 2025. En este año no se pudo participar porque no se abrieron”.
¿Para qué les ha servido este financiamiento?
“Para poder seguir pagándole a las monitoras, poder comprar materiales e insumos para que nuestros talleres tanto laborales como artísticos puedan seguir funcionando”.
¿Cuántos socios o integrantes son?
“Hay dos cosas. Como nosotros somos una fundación, la cual funciona con un directorio, es el directorio, el que maneja y va organizando el futuro de la Fundación y la permanencia, buscando los recursos, buscando donde los chicos podrían insertarse y trabajar. Y también están nuestros usuarios y/o beneficiarios con sus padres. Entonces nuestros usuarios en este minuto son 14 y si sumamos sus padres, serían 28. Son todos jóvenes y adultos. No tenemos niños.
La idea es poder darles una oportunidad a todos esos chicos que salen de la Escuela Especial de Santa Cruz, a los 27 años. Pero ya cuando tienen entre 17 y 18 años, ya no quieren asistir más a estudiar”.
¿Cada cuánto tiempo se reúnen?
“El directorio se reúne mensualmente, dependiendo de la premura o de la urgencia o de la necesidad, podemos reunirnos dos o tres veces al mes, pero sí estamos en comunicación, de hecho, muchos vienen a trabajar en los talleres, que son todas las semanas en un Salón que la Parroquia de Santa Cruz nos cede gratuitamente”.
¿Cómo ha recibido o ven con usted el tema de la integración en la comunidad? ¿Hay una red de apoyo?
“Sí, es así como una de nuestras motivaciones y uno de nuestros objetivos, el visibilizar a nuestros chicos en la comuna nos hemos ido integrando de a poco en algunas actividades. Por ejemplo, los rotarios nos facilitan su cocina para poder hacer nuestras galletas.
La Parroquia de Santa Cruz nos permite utilizar un salón para poder realizar los talleres semanalmente.
La librería CONE, es una de las que nos ha recibido súper bien, con mucho cariño, abriendo su espacio para que los chiquillos vayan a tener ciertas prácticas y un acercamiento a lo que es un vendedor y un cliente.
En cuanto a la llegada a la comunidad también es buena, los chicos salen a vender sus galletas: vamos a la municipalidad y ellos también han sido súper abiertos en recibirlos.
Nosotros no tenemos un negocio, como Fundación, obviamente no tenemos fines de lucro, pero los chiquillos necesitan una retribución con el trabajo que ellos hacen, de esta forma todo el dinero que se reúne por las ventas, se divide en parte igual y se les da un bono a los chiquillos por su trabajo al finalizar el año”.
¿Realizan algún tipo de campaña durante el año, de recolección de fondo, o alguna actividad?
“Sí, estuvimos haciendo una venta de bonos de cooperación. Y también, tuvimos la experiencia de hacer una colecta, pero no fue muy buena la experiencia, porque ahí tú te expones y expones básicamente los chiquillos, a que les digan cualquier cosa en la calle”.
Referente a lo anterior, las personas en la calle ¿Cómo reciben a los chicos de la Fundación? ¿hay discriminación?
“Yo creo que no hay discriminación, ya que como se recibe a los chicos, cuando van vendiendo las cosas en la calle, ha sido con mucho respeto y con mucho cariño, ya los conocen. Entonces, la gente aquí, lo conocen, sabe que son ellos, van con su uniforme, por lo tanto, se sabe que son de la fundación… La gente que quiere ayudar, lo hace y lo hace de manera desinteresada”.
¿Qué dificultad han tenido durante el período?
“Básicamente son los recursos. Son los recursos económicos. El espacio físico que no hemos podido concretar, porque no contamos con recursos económicos.
Nosotros somos todas madres de familia, no tenemos una entrada económica… ninguna de nosotros maneja. Entonces, básicamente, este es el principal problema que tenemos. Nosotros pensamos, como fundación, abrimos un espacio para que personas que lo necesitan lo tengan.
La sociedad, básicamente, hoy día habla mucho de inclusión, pero no se dan las condiciones para ellos, no hay nada. Y frente a eso, como padre, tienes que generar una organización como ésta para que ellos puedan seguir desarrollándose.
Se habla mucho sí, pero en concreto no hay nada. ¿Qué hay aquí para que los chicos puedan asistir, a trabajar? Claro, está el Jumbo, por ejemplo. Pero la discapacidad está muy relacionada con la Teletón con discapacidad física. Pero ¿qué pasa con jóvenes y con personas que tienen discapacidad intelectual? Ahí la cosa cambia. Claro, porque obviamente se requiere de una mayor preparación”.
¿Cuál ha sido el rol del municipio?
“Lo primero es que hemos encontrado apoyo, las oficinas están funcionando siempre y están dirigidos para la orientación para postular a los proyectos y al principio nos llevaron de la mano, porque no sabíamos nada, luego ya fuimos solitos… y el último proyecto lo hicimos solos, porque la idea es aprender”.
Finalmente ¿qué nos puede decir de los chicos que integran este programa?
“Son más responsables que muchos otros que supuestamente no tienen ningún problema y lo otro maravilloso de esto es que detrás de todos nuestros jóvenes están sus padres apoyándolos”.
Si quiere aportar o saber más de Fundación Colchagua puede comunicarse con la Sra. Marcela Arévalo al teléfono +56978881644 o al correo: fundacioncolchagua@gmail.com






