Emprendedor@s: Inclusión, Igualdad y Esfuerzo

Los ricos churros, no solo un lugar de trabajo, sino un símbolo de amor, perseverancia y unidad familiar

Diario “El Cóndor” de Santa Cruz, hoy quiere hacerles extensiva una invitación a ser parte importante de una serie de reportajes que tendremos en nuestras ediciones de los días miércoles y sábado, en las cuales pondremos a su disposición la temática ligada a los esforzados emprendedores y emprendedoras de la zona.

“Emprendedor@s: Inclusión, igualdad y esfuerzo”, se denomina el proyecto que nuestro medio de comunicación se adjudicó gracias al financiamiento del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Gobierno de Chile y del Consejo Regional de O’Higgins.

Hoy les invitamos a conocer las historias de quienes con mucho esfuerzo y pese a las adversidades han logrado salir adelante y ganarle al destino.

Guillermo Ormazábal y Alicia López son un ejemplo entrañable de cómo las tradiciones familiares pueden perdurar a lo largo del tiempo.

Hace 39 años, en Pichilemu, comenzaron su historia juntos, en la pequeña butaca de un quiosco donde la fragancia de churros recién hechos se mezclaba con el aire marino.

La herencia de sus padres les brindó la oportunidad de abrir su propio negocio, un pequeño puesto en la playa que rápidamente se convirtió en un punto de encuentro para locales y turistas. Los churros, crujientes por fuera y suaves por dentro, eran la delicia de todos. Con el tiempo, Guillermo y Alicia no solo vendieron churros, sino que también compartieron risas, historias y momentos memorables con quienes pasaban por su quiosco, luego de un tiempo se trasladaron a Santa Cruz donde se asentaron para seguir esta tradición.

A medida que su familia crecía, también lo hacía su negocio. Tuvieron cuatro hijos, quienes desde pequeños se involucraron en la tradición familiar. Cada verano, los niños ayudaban a preparar la masa, a freír los churros y a servir a los clientes, aprendiendo de sus padres no solo la técnica, sino también el valor del trabajo duro y la dedicación.

Con el paso de los años, su quiosco se convirtió en un símbolo de Pichilemu y Santa Cruz sumado a otro emprendimiento como es ser chofer de colectivos. Las familias regresaban año tras año, buscando no solo el sabor de los churros, sino también la calidez y la hospitalidad de Guillermo y Alicia. La pareja celebró 42 años de matrimonio, y a lo largo de los años, su amor y su negocio se entrelazaron, creciendo juntos como una auténtica familia.

Hoy, mientras ven a sus hijos continuar la tradición, Guillermo y Alicia saben que han creado algo más que un negocio: han forjado un legado, un lugar donde cada churro es una muestra de amor y dedicación, y donde cada cliente se siente como parte de su familia.

Guillermo y Alicia, propietarios de un emblemático kiosco de churros en Pichilemu y Santa Cruz, vivieron momentos difíciles durante la pandemia que pusieron a prueba su amor y su negocio. Con las restricciones sanitarias, la afluencia de turistas y locales disminuyó drásticamente, y muchos días se sentían inseguros sobre cómo salir adelante.

Al principio, la incertidumbre fue abrumadora. El quiosco, que solía ser un bullicioso punto de encuentro, se quedó vacío. Sin embargo, Guillermo y Alicia, con su espíritu resiliente, comenzaron a pensar en alternativas. Decidieron implementar un servicio de entrega a domicilio, una idea que les permitió seguir conectando con sus clientes. Publicaron en redes sociales, compartiendo fotos de sus deliciosos churros y animando a la gente a disfrutar de un pedacito de Pichilemu y Santa Cruz en casa.

Cada día, mientras preparaban la masa y freían los churros, conversaban sobre el futuro y cómo podían superar juntos esta crisis. Sus hijos, que habían crecido ayudando en el quiosco, se unieron al esfuerzo, creando contenido para redes sociales y ayudando con las entregas. La familia se convirtió en un equipo aún más unido.

A medida que las restricciones se relajaron, la comunidad se volcó en apoyar a los negocios locales. Guillermo y Alicia vieron un resurgir de clientes que regresaban a disfrutar de sus churros, ansiosos por compartir un momento de normalidad. La experiencia fortaleció los lazos no solo con su familia, sino también con sus clientes, quienes apreciaban aún más el esfuerzo y la dedicación que habían demostrado.

A pesar de los desafíos, la pandemia les enseñó a adaptarse y a valorar la comunidad que habían construido a lo largo de los años. Hoy, su quiosco sigue siendo un símbolo de resiliencia y amor en Pichilemu, y este matrimonio sabe que, juntos, pueden enfrentar cualquier adversidad.

Ellos siempre soñaron con que su emprendimiento de churros no solo sobreviviera, sino que también se convirtiera en un legado familiar. Desde que abrieron su quiosco en Pichilemu, su objetivo no solo era vender un delicioso producto, sino también crear un espacio donde su familia y la comunidad se sintieran conectados.

A medida que sus hijos crecieron, comenzaron a compartir con ellos no solo la receta secreta de los churros, sino también la pasión y el compromiso que implicaba llevar adelante el negocio familiar. Los domingos, la familia se reunía para cocinar juntos, y mientras la masa se mezclaba y los churros se freían, compartían historias sobre los inicios del quiosco, las dificultades que habían superado y los momentos de alegría que habían vivido.

El deseo de Guillermo y Alicia era claro: querían que sus hijos asumieran el control del negocio algún día. Sin embargo, no solo querían que continuaran con la venta de churros; deseaban que entendieran el valor del trabajo duro, la importancia de la comunidad y el significado de la tradición. Para ellos, el quiosco no era solo un lugar de trabajo, sino un símbolo de amor, perseverancia y unidad familiar.

Con el tiempo, sus hijos comenzaron a involucrarse más en el negocio, desde ayudar junto a sus nietos en la preparación de los churros hasta gestionar las redes sociales y pensar en nuevas formas de atraer a los clientes, así se sintieron orgullosos al ver cómo sus hijos asumían la responsabilidad y aportaban ideas frescas.

Hoy, el sueño de Guillermo y Alicia sigue vivo. El quiosco de churros es un lugar donde no solo se venden delicias, sino donde se forjan recuerdos, se construyen lazos familiares y se transmite un legado. Con cada churro que preparan, la pareja sabe que están un paso más cerca de ver a sus hijos continuar con su historia, manteniendo viva la tradición y el espíritu de su emprendimiento por muchos años más.

Cualquier pedido que desee realizar puede contactarlos al fono: +56 9 8791 8240, en su dirección ubicados en Rafael Casanova esquina Orlandi el sector de la plaza de Armas en nuestra comuna de Santa Cruz, o a través de su Facebook o Instagram: churrossantacruzplaza

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Sábado 29 de Agosto de 2026
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